13/04/2024

El portal de la Ficción Climática – Climate Fiction Cli-fi Website

Espacio dedicado a la ficción climática (cli-fi) literaria y cinematográfica

Mariposa, un cuento Cli-fi

Por Luis Azorín

Me sobresalta, como a otros viajeros que miraban absortos sus teléfonos móviles, el torpe vuelo de una mariposa en el vagón, que surge de repente. Incluso un hombre, con las primeras palabras que oigo desde que subí al tren, pide disculpas a la viajera que se sienta junto a él, por si le ha asustado con el grito que ha dado al sorprenderle la presencia del insecto.

Se trata de una mariposa monarca, según veo en la pantalla del móvil de la persona que viaja sentada junto a mí, que inmediatamente ha abierto una aplicación de identificación de especies de fauna.

No es la primera vez que pasa, de hecho, empieza a ser habitual, tanto en trenes, autobuses, casas… Y no solo mariposas, también mariquitas, saltamontes, libélulas, y lo que es peor, abejas o abejorros, que como te descuides, te pican. 

En la tele hablaban de estudios científicos que explicaban el fenómeno que estaría causado por el aumento de las temperaturas. El hecho de que este incremento estuviera afectando a la supervivencia de muchas especies de insectos, las estaría empujando a colonizar nuevos hábitats más frescos, como los lugares que mantenemos climatizados para poder soportar el calor.

También hablaban de otra explicación, aunque sin base científica. Son teorías más espirituales, de gente de la New New Age, o por el estilo. Hablan de que los insectos se acercan a nosotros para recordarnos que somos parte de la naturaleza, e invitarnos a vivir en armonía con ella. Como oí en un monólogo que me mandaron, “no me pareció muy amistoso el acercamiento de la abeja que el otro día, entro en mi casa, y me picó en el culo”.

Hace rato que el tren salió del túnel, y ahora circula por la periferia de la ciudad. El paisaje recuerda a un descampado, con pocos árboles, casi todos secos, como la escasa vegetación que rodea escombros y residuos vertidos indiscriminadamente sobre un suelo cuarteado por la sequía. En esta parte del trayecto, suelo cerrar los ojos para descansar un rato antes de llegar al trabajo.

Además, he pasado mala noche y no he descansado bien. He tenido pesadillas y sueños recurrentes. Ha debido ser por la película que vi ayer, una distopía un tanto desagradable. Debí haber optado por algo más amable.

Abro los ojos, estoy a punto de llegar. Mis pensamientos han fluido sin rumbo, aunque han acabado llevándome a una pregunta que me surge, ¿cómo serán las distopías dentro de quince años, cuando mi hija empiece a ver ese tipo de películas?

Luis Azorín